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Sara, 21 meses


A Sara le encantan las pulseras, las diademas, los relojes, los zapatos y las bolsas y bolsos de cualquier tipo, género y tamaño.

Es guapa, lista y muy divertida. Cuenta del 1 al 10, reconoce los colores (afún, vedde, rojo, illo, egro, balnco, anja, guis), dice una cantidad incontable de palabras (incluso reconoce algunas cuando las ve escritas) canta, baila, sube y baja escaleras, camina de puntillas, hace pompas de jabón, pinta y, últimamente, intenta dibujar caracoles.

Le gusta el salmorejo, la cebolla, la fruta, las lentejas y los garbanzos, el “mamón”, la tortilla, la pasta, la carne y el pescado. No le gustan los quesitos ni el flan. Le moslesta que le toquen los dedos de los pies. Tampoco se deja dominar: no le gusta que la agobien.

Le encanta jugar con niños mayores, los animales (todos, hasta las moscas), caminar por la calle de la mano, jugar con la arena de la playa, atrapar muñequitos en la piscina, dar de comer y dormir a las muñecas o sentarlas en el orinal. Y está obsesionada con Dora y con “Bo Sponja”.

Dice cookie, cupcake y bye-bye, maneja el iPhone mejor que yo, se tira por el tobogán, le encanta que le haga cosquillas y juegue con ella, nos da besos y abrazos, habla por teléfono con sus abus…

Aún no conoce los caramelos, ni las piruletas, ni las chucherías (excepto algún Aspito cuando hay cumple en la guarde). Tampoco come aceitunas ni cosas con demasiada sal. Desayuna, come, merienda y cena siempre a la misma hora. Duerme la siesta, disfruta como una enana en el baño y se duerme sobre las ocho y media sin llorar. Y si algún día se duerme más tarde, es por mi culpa. ¡Hasta va contenta a la pediatra y se rie cuando le toca la barriguita!

Tenerla, por supuesto, me ha cambiado la vida… a mejor, a mucho mejor, sin ninguna duda.

Paso seis horas todas las tardes con ella despierta (los findes de semana, unas 12) y se me hace corto el tiempo: disfruto cada segundo de sus ocurrencias.

Soy contradictoria: quiero protegerla de todo y darle alas, quiero que no se separe ni un segundo de mí (me cuesta muchísimo aún separarme de ella) y que sea independiente, quiero que elija siempre y que nunca se equivoque…

Pero lo que tengo claro es que quiero respetarla (espero que, así, ella nos respete) y que quiero, por encima de cualquier otra cosa, que siga siendo tan feliz, simpática y divertida.

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